¿Cómo recuperar a los clientes que no han vuelto?

Un cliente que ya no vuelve no es necesariamente un cliente perdido. Pero hay que detectar su ausencia y elegir la mejor manera de hacerlo volver.

Gillia detecta a los clientes que se alejan y prepara el seguimiento adecuado a su perfil.

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¿Cómo recuperar a los clientes que no han vuelto?

Un cliente que ya no vuelve no está necesariamente perdido. Quizá simplemente ha cambiado de hábitos, ha espaciado sus compras, ha encontrado otra solución o no ha tenido recientemente ningún motivo para volver. La dificultad consiste, por tanto, en distinguir una ausencia normal de un verdadero cambio de comportamiento y, después, elegir un seguimiento adecuado. Un cliente inactivo es aquel cuya ausencia se vuelve anormalmente larga en relación con su ritmo de compra esperado. Y ese plazo no es el mismo para todos los negocios ni para todos los clientes.

¿A partir de cuándo un cliente se vuelve inactivo?

No existe un umbral universal. En una actividad donde los clientes compran cada semana, 30 días sin comprar ya pueden ser una señal. En un negocio donde las compras están naturalmente separadas por varios meses, esa misma duración no significaría nada. Un umbral fijo como:

«Cliente inactivo = ninguna compra en los últimos 90 días»

puede ser útil como regla sencilla, pero debe corresponder al ciclo de compra real de la actividad. Un enfoque más preciso consiste en preguntarse: ¿lleva este cliente ausente mucho más tiempo de lo habitual? Imagina un cliente que hacía unas dos compras al mes. Si no ha vuelto en tres meses, su comportamiento ha cambiado claramente. En cambio, tres meses sin comprar pueden ser perfectamente normales para un cliente que suele comprar dos veces al año.

¿Qué criterios permiten detectar que un cliente se aleja?

La fecha de la última compra es importante, pero no siempre basta. Se pueden cruzar varios datos.

La recencia

¿Hace cuánto tiempo fue la última compra? Es el primer indicador para detectar una posible inactividad.

La frecuencia histórica

¿Con qué ritmo compraba antes el cliente? Permite situar su ausencia actual dentro de su comportamiento habitual.

La regularidad

Dos clientes que han hecho doce compras a lo largo del año pueden tener comportamientos muy distintos. El primero puede comprar aproximadamente una vez al mes. El segundo puede haber hecho sus doce compras durante tres meses y no haber vuelto después. La frecuencia anual es idéntica, pero la señal de inactividad no lo es.

El importe gastado

Las ventas generadas por el cliente permiten medir su peso comercial pasado durante un período determinado. Sin embargo, no debe confundirse con su «valor» global ni con su rentabilidad.

Los productos o categorías comprados

El historial de compras puede ayudar a entender el perfil del cliente y, eventualmente, a preparar una comunicación más pertinente.

No todos los clientes inactivos necesitan el mismo seguimiento

Enviar el mismo mensaje a todos los clientes que no han comprado en seis meses es sencillo. No es necesariamente pertinente. Pensemos en tres perfiles:

Cliente A

Una sola compra hace ocho meses.

Cliente B

Una compra al mes durante dos años y nada desde hace tres meses.

Cliente C

Varias compras importantes el año anterior, pero con una frecuencia naturalmente irregular.

Todos son «inactivos» según ciertos umbrales. Sin embargo, sus situaciones no son comparables. El cliente B presenta un verdadero cambio de comportamiento. Puede que el cliente A nunca haya estado fidelizado. Con el cliente C hace falta más contexto antes de concluir que se aleja. La calidad del seguimiento depende, por tanto, ante todo de la calidad del segmento — los mismos criterios que sirven en la segmentación de clientes para distinguir los perfiles que siguen activos.

¿A qué clientes conviene contactar en primer lugar?

La respuesta depende del objetivo del negocio. Se puede buscar, por ejemplo:

  • a los antiguos clientes habituales que ya no vuelven;
  • a los clientes que generaron muchas ventas y cuya actividad se ha detenido;
  • a los clientes habituales de una categoría concreta;
  • a los clientes cuya ausencia supera claramente su ritmo habitual.

A menudo es más útil trabajar con un segmento bien definido que contactar a toda la base inactiva. La segmentación de clientes permite precisamente construir estos grupos según criterios medibles.

Un método de seguimiento en cinco pasos

  1. IdentificarDetectar a los clientes cuya ausencia se vuelve significativa.
  2. SegmentarDistinguir los perfiles según su comportamiento pasado, su frecuencia, su recencia, sus compras o el importe generado.
  3. Elegir el motivo para volverAntes de redactar el mensaje, determinar qué tiene realmente que ofrecer el negocio: una novedad, una información pertinente, una ventaja, una oferta comercial o un simple recordatorio.
  4. ContactarEl mensaje y el canal se adaptan al segmento elegido.
  5. MedirTras la campaña, comprobar cuántos clientes han vuelto realmente y en qué condiciones.

Este último paso es indispensable para mejorar los próximos seguimientos.

¿Hay que ofrecer necesariamente un descuento?

No. Un descuento puede ser eficaz en algunos casos, pero no debería convertirse en el reflejo sistemático. Reduce el margen y puede acostumbrar a algunos clientes a esperar una promoción antes de volver. Hay otros enfoques posibles:

Presentar una novedad

Un producto nuevo, una nueva colección o un nuevo servicio pueden dar un motivo natural para retomar el contacto.

Recordar una categoría pertinente

Cuando un cliente compraba con regularidad una categoría concreta, una novedad sobre esa categoría puede ser más pertinente que una promoción general.

Ofrecer una ventaja de fidelización

Una ventaja puede valorar la relación pasada sin tener que adoptar necesariamente la forma de un descuento inmediato.

Enviar un recordatorio sencillo

En algunos contextos, un mensaje sobrio basta para que el cliente vuelva a acordarse del negocio.

La elección depende del segmento, de la actividad y del motivo supuesto del alejamiento.

Personalizar sin sobreinterpretar los datos

El historial de compras permite adaptar un seguimiento, pero hay que evitar sacar conclusiones excesivas. Un cliente que ha comprado tres veces una categoría de productos no quiere necesariamente recibir solo ofertas sobre esa categoría. Los datos indican lo que ha pasado, no con certeza lo que el cliente querrá mañana. Una buena personalización utiliza, por tanto, el historial como una señal, no como una verdad absoluta sobre las preferencias del cliente.

¿Qué mensaje enviar a un cliente inactivo?

El mensaje debe, sobre todo, dar un motivo claro para volver. Una estructura sencilla puede funcionar:

  1. recordar la relación con el negocio;
  2. presentar el motivo del mensaje;
  3. proponer una acción sencilla.

Por ejemplo:

«Hace algún tiempo que no te vemos. Acabamos de recibir nuestra nueva colección de [categoría]. Descúbrela en la tienda.»

O, cuando una oferta está realmente justificada:

«Solías comprar [categoría] con regularidad. Te reservamos una ventaja en esta selección hasta el [fecha].»

El mensaje debe seguir siendo coherente con la información que realmente se conoce del cliente.

Elegir el momento adecuado

Contactar demasiado pronto puede ser inútil. Contactar demasiado tarde reduce las posibilidades de retomar un comportamiento que lleva mucho tiempo interrumpido. El buen momento depende, por tanto, del ciclo de compra. Para un cliente que normalmente viene cada dos semanas, esperar seis meses probablemente no tiene sentido. Para una compra que se hace una o dos veces al año, un seguimiento a las pocas semanas sería prematuro. El historial permite precisamente comparar el tiempo transcurrido desde la última compra con el ritmo habitual.

Cuidado con la presión comercial

Reactivar a un cliente no significa multiplicar los mensajes. Una persona que no responde a varias campañas no debe recibir necesariamente cada vez más mensajes. La frecuencia de las comunicaciones debe mantenerse controlada y respetar las decisiones y los consentimientos aplicables al canal utilizado. Un seguimiento pertinente suele valer más que una sucesión de mensajes genéricos.

¿Cómo medir una campaña de reactivación?

La tasa de apertura o la tasa de clics pueden aportar información sobre el mensaje. Pero el objetivo final suele ser el regreso del cliente. Por eso es útil seguir, según los datos disponibles:

  • el número de clientes contactados;
  • el número de clientes que han vuelto;
  • el plazo hasta la nueva compra;
  • las ventas generadas tras el seguimiento;
  • el ticket de la vuelta;
  • eventualmente, el margen generado.

Así se puede calcular una tasa de reactivación:

Tasa de reactivación = clientes que han vuelto ÷ clientes contactados × 100

El período que se utiliza para considerar que un cliente ha «vuelto» debe definirse de antemano. Sin esta ventana de observación, el resultado resulta difícil de interpretar.

Probar en lugar de suponer

Dos mensajes pueden parecer igual de pertinentes sin producir el mismo resultado. Cuando el volumen de clientes lo permite, puede ser interesante comparar distintos enfoques:

  • con o sin ventaja;
  • novedad o recordatorio;
  • distintos momentos de envío;
  • distintos segmentos.

Esto permite, poco a poco, entender qué seguimientos funcionan realmente en el negocio. El objetivo no es encontrar una fórmula universal, sino mejorar la estrategia a partir de los resultados observados.

Automatizar la detección sin automatizar ciegamente la comunicación

La búsqueda de los clientes que empiezan a alejarse es repetitiva. Por tanto, puede automatizarse. Consulta Automatizar las tareas de tu negocio para conocer en detalle cómo funcionan las rutinas. Por ejemplo, un sistema puede comprobar periódicamente qué clientes superan un umbral de inactividad o se alejan de su frecuencia habitual. Sin embargo, detectar automáticamente a un cliente inactivo no significa que un mensaje deba enviarse necesariamente de forma automática. Puede ser preferible mantener una validación antes de ciertas comunicaciones, sobre todo cuando el segmento o la oferta requieren un control. Esta distinción permite automatizar la vigilancia sin perder el control de la acción comercial.

¿Cómo puede ayudar la IA?

Cuando dispone de los datos necesarios, una IA puede facilitar la búsqueda y el análisis de los clientes afectados. Por ejemplo:

«¿Qué clientes que compraban al menos una vez al mes no han comprado nada en tres meses?»

Después:

«De ellos, ¿cuáles compraban con regularidad la categoría X?»

Y por último:

«Prepara un mensaje de reactivación para este segmento.»

La ventaja es poder pasar progresivamente de la detección a la segmentación y luego a la preparación de la acción, sin reducir a todos los clientes inactivos a un único grupo.

¿Cómo puede ayudar Gillia?

Gillia permite consultar los datos de clientes disponibles para identificar comportamientos de alejamiento. El comerciante puede, por ejemplo, preguntar:

«¿Qué clientes habituales no han comprado nada en los últimos 90 días?»

Y luego afinar:

«Quédate con los que habían hecho al menos seis compras en los doce meses anteriores.»

Una vez verificado el segmento, Gillia puede ayudar a preparar la comunicación correspondiente desde la capacidad de fidelización de clientes. Cuando una búsqueda debe repetirse con regularidad, también puede convertirse en una rutina que haga aparecer a los nuevos clientes que cumplen los criterios. Así, la detección puede automatizarse, mientras que la lista, el mensaje y la acción siguen siendo controlables antes del envío — el principio de un verdadero agente de IA para el comercio.

Reactivar en lugar de simplemente contactar

Una buena estrategia de reactivación no consiste en enviar más mensajes. Consiste en identificar:

  • quién muestra realmente un cambio de comportamiento;
  • en qué momento ese cambio se vuelve significativo;
  • qué motivo pertinente se le puede dar para volver;
  • y si el seguimiento produce efectivamente un regreso.

Es esta lógica la que convierte una base de clientes inactivos en un verdadero enfoque de fidelización. Puedes encontrar más ejemplos sobre fidelización en nuestro catálogo de usos de Gillia: identificar y contactar a los clientes inactivos o recibir una alerta cuando un cliente habitual se aleja.

Preguntas frecuentes

No existe un plazo universal. La inactividad debe interpretarse en función del ciclo de compra del negocio y, cuando el historial lo permite, del ritmo habitual del cliente.

La fecha de la última compra, la frecuencia histórica, la regularidad, el importe gastado y las categorías compradas pueden cruzarse para detectar un cambio de comportamiento.

No. Una novedad, una ventaja de fidelización, una información pertinente o un simple recordatorio también pueden justificar un seguimiento. La elección depende del segmento y del contexto.

La tasa de reactivación puede calcularse así: clientes que han vuelto ÷ clientes contactados × 100. Hay que definir el período durante el cual una nueva compra se atribuirá a la campaña.

No. Por lo general es preferible seleccionar los perfiles para los que la ausencia representa realmente un cambio significativo o que se ajustan al objetivo de la campaña.

La detección de los clientes que cumplen criterios de inactividad puede automatizarse. El envío de comunicaciones puede automatizarse después o someterse a validación, según el funcionamiento elegido, el canal y el nivel de control deseado.

Gillia puede ayudar a identificar a los clientes que cumplen criterios de alejamiento, afinar el segmento y preparar una comunicación. Una búsqueda recurrente también puede convertirse en una rutina.

¿Y si detectaras a tus clientes que se alejan y prepararas su reactivación?

¿Qué clientes habituales no han comprado nada en los últimos 90 días?

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